sábado, 6 de agosto de 2016

Demasiado temprano para beber

Seguro que habéis escuchado esa frase en mil y una películas y series. Hacer un desglose de referencias sería tan tedioso como contar las gotas del mar. "Es demasiado temprano para beber" es, quizá, una de las frases estrella del tipiqueo cultural estadounidense, un abismo dialéctico y cultural que nos separa de éstas bárbaras costumbres. Y sin embargo, como todo lo malo se pega, hasta las venéreas, ésta frase comienza a ser escuchada en otros países donde nunca antes se dijo semejante gilichorrez.

Hay que entender, primero, el por qué y dónde estriba la diferencia. Recordemos que en muchos países católicos y hasta hace dos días, nuestros abuelos empezaban el día con una copita de aguardiente antes de desayunar, o se tomaban un café "de carajillo" bien cargado. Todavía existen muchas variantes de ésta combinación, nacionales o internacionales, como el café irlandés o el famoso asiático de Cartagena. ¿Eran todos nuestros abuelos unos borrachos depravados?

Hemos hablado en una entrada anterior del tema del vino y como su consumo en Estados Unidos se asocia principalmente a la mujer, para tomarlo sola o en una cenita romántica con la pareja. Ahora entraremos en materia, sumergiéndonos directamente en las profundidades más abisales de la americanidad.

Hay detalles que lo dicen todo, y que solo se entienden a través de la particular legislación norteamericana. Recordemos que durante trece años, de 1920 a 1933 el país de las barras y estrellas decidió, voluntariamente, tener un arrebato de puritanismo y prohibir la venta, consumo y transporte de alcohol en todo su territorio. Fue la época de la Ley Seca, de Al Capone y las mafias que traían whisky de contrabando desde Canadá y fabricaban matarratas nacional para colocarlo a precio de oro. El tiro, sin embargo, les salió por la culata.

"Usted no es de Chicago", decía el pobre señor Costner (que tanto se esforzó en Waterworld). La mítica película comenzaba con una redada de la policía a un almacén lleno de cajas con la hoja de arce roja.
La herencia de aquella era se deja sentir todavía hoy. El alcohol es visto como algo inmoral o que fomenta la inmoralidad. Todos recordamos al padre de Jenny, la eterna novia de Forrest Gump, al que se le iba la mano (y algo más) con su hija cuando se pasaba con el morapio. Un arquetipo que se repite una y otra vez en las producciones norteamericanas.

Por eso, la edad legal para comprar alcohol se sitúa en los 21 años. Muchos estados, de hecho, prohíben la venta de alcohol de alta graduación fuera de licorerías, y otros muchos regulan un horario o directamente impiden la venta de cerveza y vino (que se suponen de menor graduación) en supermercados y tiendas de alimentación. ¿Os acordáis de esos jóvenes que se sacan un dinero esperando en la puerta de las licorerías para comprar alcohol para cuatro adolescentes salidos que le pagan a la entrada como si estuvieran traficando con coca? Todo un clásico.

Cuando no están salvando el mundo de ángeles caídos, Jay y Bob el silencioso se dedican a traficar en la puerta de éstos establecimientos. Aunque ellos diversificaban el negocio con un poco de hierba, chicos listos.
Las licorerías, esos establecimientos... Aunque a los españoles nos resulten algo alienígenas o generalmente anecdóticas. Con supermercados saturados con todo tipo de alcohol, no podemos imaginarnos el problema en toda su dimensión. Locales pequeños, con persianas o barrotes, donde se vende alcohol siempre pidiendo el carné de conducir (que en esas latitudes funge como carné de identidad) si el que compra no parece un hombre de pelo en pecho o una mujer de armas (automáticas) tomar.

¿Os imagináis vivir en un estado donde si queréis algo más fuerte que una Budweiser tenéis que pasar por éste lóbrego lugar donde os van a tratar como a un criminal potencial? Da hasta escalofríos pensarlo...
Ésto es, sin embargo, lo que espera al yanki medio si decide comprar alcohol "barato" para beberlo en su casa. Pero, ¿Quien bebe alcohol en su casa? Recordemos que no está bien visto beber a la hora de comer, así que la cervecita ocasional se asocia a ver un espectáculo (aunque sea delante de la pantalla) y se acompaña con unas patatas o un perrito caliente. El vino, pues... jejejeje... ay piratón. Sin embargo, recordemos que el buen amo de casa norteamericano ahoga las penas con unas cervecillas, al más puro estilo de Homer Simpson o Peter Griffin, aunque a veces se les vaya la mano.

La cerveza, tema aparte, es un producto muy manly (masculino, para los de la LOGSE) y tiene una disculpa. ¿Que beben los rednecks o los moteros que precien, cubatas? ¡Ja! Eso, como diría Clint Eastwood, es propio de "una sociedad de mariquitas". La cerveza, sin embargo, se empuja generalmente sola, un tercio tras otro o en jarras o vasos tan grandes que si se los tiras a alguien a la cabeza, lo matas.

Beberse unas jarritas en el bar de Moe es cosa de hombres. Todos sabemos que el baño de mujeres es la oficina donde Szyslak guarda sus trofeos de boxeador de los gloriosos años "del pinchillo".
El alcohol es una cosa social, que se consume en manada y por motivos varios: hacer amigos, ligar, olvidarse las penas, molar en una fiesta, desfasar en el bosque con tu pickup o correrte la juerga de tu vida en casa de tus papis cuando ellos están de vacaciones.

Décadas han pasado, largas como eras de los hombres, pero la fiesta adolescente o la parranda de la hermandad de la uni siguen siendo esencialmente lo mismo: ponerse hasta el puto culo, buscar a una incauta y encamarse a toda costa. ¿Donde estás, Steve Stifler? Te echamos de menos, campeón.
Todos hemos pasado por rituales sociales, y todos (o casi todos) hemos desfasado en algún momento. ¿De que estamos hablando aquí, entonces? La asociación está clara, y es que beber, para un norteamericano, es sinónimo de borrachera rápida. ¿Por qué? Dejemos que una compañera bloguera, una estadounidense que pasó una temporada en un pequeño pueblo de Extremadura, nos lo cuente:

A lo mejor esto es por lo que los españoles pueden divertirse toda la vida. Me gradué en una de las universidades más fiesteras de EE.UU. La mentalidad era que si no podías beber, no salías. O chupitos o agua. Una noche de fiesta normal en América va así:
Chupitos de alcohol antes del partido. Cuando estás lo bastante borracho, ir a un bar. Beber más. Después, ir a la discoteca. Más chupitos. Al borde del desmayo. Triunfo. Ir a casa.
MAL MAL MAL. GENTE. ¡¿QUÉ FUE DE DISFRUTAR DE LA COMPAÑÍA DE LOS DEMÁS?! En serio. La gente de mi pueblo (Fregenal de la Sierra) bebe. Pero no para emborracharse. Para socializar. Y si pasa que te emborrachas, pues pasa. Pero a un ritmo natural y humano. Eso explica por qué la gente en EE.UU. dura hasta las 2 de la mañana, mientras que aquí la gente sale hasta el amanecer. ¿Y lo mejor? Puedes ver el amanecer con tus personas favoritas…
Seguro que en éste momento os estáis acordando de bar Coyote, y de que siempre que veis a un yanki pidiendo una copa en una película no se pide un cubatilla ni una birra, no. Se calza un cocktail con más graduación que un mariscal de Corea del Norte. Y luego se pide otro, y otro y otro...

Repasemos, a grosso modo, las situaciones en las que un norteamericano puede beber y de hecho se pone hasta las cejas:


  1. El barecillo con los colegas después de trabajar. Hay series sobre eso, por que todos nos acordamos de Cheers, del Bar de Moe o la Almeja Borracha. Hasta Barney Stinson se metía unas buenas jarras de birra con sus amigotes. En un sitio así hablas de la vida, te tiras el moco con mujeres descuidadas (quizá llegando a perpetrar un "pernocta sin sexo") y socializas con tus semejantes, reforzando tu pertenencia a una determinada clase social, raza o cultura (nada de beber con muertos de hambre, paletos de pueblo o "espaldas mojadas").

    Los neoyorquinos jóvenes, blancos y de clase media-alta no beben solos en sus casas. ¡Eso es de pobres!

  2. La típica fiesta de adolescentes que te convierte en "megaguay de la hostia en bote" por organizarla en tu casa. Objetivos prioritarios: chicas solteras. Existen las variantes de fiesta en el bosque y fiesta de hermandad. Todas terminan con varios ingresos en el hospital del condado por coma etílico y algún que otro virgo echado a perder.


  3. Consumo de birra en bares de mala muerte y locales de moteros en los que iniciar la típica pelea a puñetazos dondse se termina sacando alguna navaja, una pistola o un Walker salvaje que aparece para darles la paliza padre a todos a base de patadas giratorias.


    A veces la cosa se va tanto de las manos que no termina hasta el amanecer...
  4. Una variante del punto dos es el consabido ritual del "traga, traga, traga". Los concursos de beber durante las fiestas que pueden llevar al coma etílico y que se han importado a éstas latitudes con un éxito tremendo. Dios nos pille confesados...

    Los militares lo practican a otro nivel. God bless America...

  5. Si eres un redneck, puedes beber cuando quieras. Especialmente si estás en una mecedora en el porche de tu casa con tu perro al lado, una escopeta apoyada en la pared y un licor en una jarra de cerámica con tres X pintadas en negro. Eso de vivir de ayudas sociales te convierte, al parecer, en un borracho de pata negra.


  6. Viendo el partido, en casa o en el estadio. Formato de "mini" como mínimo, que luego hay que volver a casa en coche y si no te calzas un par de litros la policía de carreteras no tendría trabajo.
    Ánimo, campeón, que vas por la tercera. Así te olvidas de que el partido está siendo un poco flojete...
  7. En el pub o disco, ya para rematar la noche. Allí es donde van a ligar los carcas, o sea, los que no son adolescentes y perdieron el tren en la fiesta de fin de curso al no ligarse a una animadora... ¡Fracasados!

    A lo mejor te pinchas a la camarera o lo mejor, lo más seguro, es que te vayas a casa borracho y con la marca de una buena hostia en la mejilla

Entre éstas opciones, que no son pocas, notaréis grandes omisiones. ¿Quedar en tu piso para beber con amigos, si no quieres follártelos, y sin montar una bacanal? Que degeneración. Olvidaos del carajillo matutino o de un vaso de cerveza o una copita de Don Simón con la comida de mediodía. Beber es emborracharse, socializar, desfasar, ligar o demostrar que eres un tío duro o un cateto con un altísimo (casi alarmante) índice de consanguinidad.

Cualquier otra opción será rechazada por el americano típico con un comentario airado, mil veces repetido como un mantra porculero y acompañado de un gesto de reprobración: "Es demasiado temprano para beber".


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